Primero el Reino de Dios

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El que se entrega a Jesús se entrega también a su Reino, pues la “causa de Jesús” ha sido y sigue siendo el Reino de Dios (RD). Pero el concepto de Reino de Dios ha sido interpretado de distintas maneras a lo largo de la historia; dando pie a muchos malentendidos. Apelando a los evangelios, el autor ayuda a clarificar qué es lo qué pretendió́ Jesús al hablar del Reino y cómo podemos actualizar hoy este mensaje.

EL REINO DE DIOS Y JESÚS

El que busca a Dios y se interesa por su Reino tiene que mirar también a Jesús e interiorizar tanto los acontecimientos de su tiempo como lo que acontece hoy por la fuerza de su Espíritu, porque Jesús es el “Reino de Dios en Persona”. Jesús y el RD son inseparables.

El RD ¿es teocrático o democrático?

En lo que respecta al RD quiero resaltar el lado dé Jesús porque, tanto en la historia de las religiones como en la universal, se han dado imágenes bien distintas del RD como, por ej. Los poderes imperialistas y absolutistas que se han hecho pasar por teocracias con el fin de justificar sus crímenes en “nombre de Dios”.

Pero, si por otra parte, el pueblo deseoso de libertad es quien se enfrenta a dichos poderes teocráticos y los derriba -baste citar la Reforma y la Revolución Francesa- desde entonces, ya todos los hombres son “iguales y libres” y “todo poder viene del pueblo”.

Hagamos, por tanto, algunas preguntas al respecto: ¿A qué lado pertenece el RD del cual Jesús ha hecho su propia causa? ¿A la teocracia o a la democracia? ¿Al poder o a la libertad?

Para encontrar la respuesta, en primer lugar hay que “aprender a mirar” como aparece el RD en los relatos y en la vida de Jesús; en segundo lugar, hay que “aprender a juzgar” y, para ello, ha de plantearse una discusión teológica y, por último, hay que “poder actuar” con seguridad y, para ello, se describirán cinco dimensiones del RD que nos comprometen allí́ donde estemos: en la familia y en la economía, en la política y en la iglesia, en la cultura y en la naturaleza.

¿QUÉ ES EL REINO DE DIOS? Dificultad de definición

El primer escollo que se presenta es la traducción del termino Basilea tau Teo. Si se traduce como “RD”, este nos sugiere el imperio romano, el alemán -en todo caso un “reino santo”, es decir, un espacio con una ley, un gobierno y unos ciudadanos-, o bien, en sentido más limitado, el reino del bien y del mal, los “dos reinos”- el espiritual y el mundano-. Pero, si el Reino está ligado a Dios, es imposible que existan varios reinos, porque Dios es uno y no hay otro fuera de Él…

La traducción, un tanto más dinámica, de “Reinado de Dios”, tampoco es un logro, pues la experiencia negativa de tantas formas de ejercer el poder, nos pone en guardia a la hora de desear un “Reinado de Dios”. En todo caso, nos gustaría saber el modo de reinar de Dios comparado con los otros reinados y si los súbditos tienen una palabra que decir.

El Nuevo Testamento carece de definiciones del RD. No existe una explicación del concepto del RD por parte de Jesús. Este nos dice simplemente que con Él ha llegado el RD al mundo. Importa hacer notar que no es lo mismo definir correctamente el concepto de vida que vivir correctamente. Una cosa es el concepto de felicidad y otra el ser feliz. Así́, una cosa es lograr un concepto del RD y otra cosa es experimentarlo. La experiencia es la que determina al concepto, no lo contrario. Lo que interesa saber es de qué modo ha presentado Jesús su “causa” y como la experimentaron los que exclamaron: “lo que vieron nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: hablamos de la Palabra que es vida… (1 Jon 1,2).

Para ello, nos ocuparemos de las parábolas del RD, de las curaciones de Jesús, del trato de Este con los pecadores y de las bienaventuranzas del sermón de la montaña.

El RD en las parábolas

En el cap. 4° de S. Marcos se encuentra un grupo de parábolas tomadas del contacto de los hombres con la naturaleza: la parábola del sembrador, de la simiente, del grano de mostaza. Son imágenes de inicio y esperanza de vida: el sembrador esparce la semilla porque espera la cosecha. Así́ ocurre también con el RD: las semillas serán desparramadas en nuestras vidas para que traigan fruto abundante en nosotros. Los gérmenes del RD son como el grano de mostaza, que siendo de entre todos el más pequeño, cuando crece, hasta los pájaros pueden posar en sus ramas. Considerado todo esto en su sentido primigenio, el RD aparece como el renacer de la naturaleza.

Mc 13,28-29 la compara expresamente con el verano. Además, la naturaleza misma es ya una parábola: al igual que los árboles se ponen verdes en la primavera y crece la simiente en los campos, así el RD es la primavera definitiva de la creación.  Las parábolas del RD están tomadas del “nacer y morir” del ciclo de la naturaleza, porque el RD es la creación nueva de todas las cosas para la vida eterna.

El cap. 15 de Lucas presenta otro grupo de parabolas que se caracterizan por la pérdida y el encuentro: la oveja perdida, la dracma perdida; e hijo prodigo. Según ellas, hay más

Alegría en el cielo por un pecador que se convierte (15,17) que por 99 justos que se salvan, el pastor se alegra de encontrar a la oveja perdida, y la alegría del padre del hijo prodigo significa: “Este hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado” (15,24).

¿Qué significa, pues, el RD según estas parábolas? Significa la alegría que tiene Dios de volver a encontrar sus criaturas extraviadas.

¿Qué significa la penitencia que hace el pecador? Significa “haber sido encontrado” y “haber vuelto a la casa paterna”, ” nacer de nuevo” y compartir la alegría de Dios, de la que brota toda la vida.

Por último y, como recapitulación, si el RD se parece a un tesoro escondido en el campo y a una perla preciosa (Mt 13,44 ss.), la parábola del banquete de bodas (Mt 22,1-10) es la comparación por antonomasia: el RD no se asemeja a un cuartel en donde se aprende a obedecer, sino a unas bodas en donde reina la alegría de Dios, el regocijo; se canta y se danza sin premuras.

El RD en las curaciones de los enfermos

En Jesús, las palabras y las obras forman una unidad. Las parábolas del RD son los “relatos” de sus curaciones, de su trato con publicanos y pecadores, de su solidaridad con los pobres del pueblo y, lo que “acontece” entre Jesús y los enfermos, entre Jesús y los marginados, entre Jesús y los pobres, es lo que constituye la experiencia real del RD.

Según el Evangelio, lo primero que experimentaban los hombres en Jesús era el poder de curación del Espíritu de Dios. Por eso, los que se acercaban a Jesús no se presentan como pecadores, como en S. Pablo, sino como enfermos. “Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios” (Mc 1,34). Los “demonios” son fuerzas destructoras, concebidas como personales, que gozan atormentando. Según la esperanza judía, cuando venga el Mesías, desaparecerán de la tierra estos espíritus del mal.

Curaciones extraordinarias, no solo las hubo en la antigüedad, sino que también se dan actualmente; pero en Jesús, estas se sitúan en un horizonte privilegiado: cuando el Dios vivo alcanza su creación, retroceden las fuerzas del mal. El reinado del Dios vivo aniquila el bacilo de muerte y esparce la semilla de vida. Este nos trae la salud, no solo en sentido religioso sino también la experiencia de la salud corporal. El RD se hace palpable por medio de la curación de los enfermos. Si toda enfermedad grave es un anuncio de muerte, las curaciones deben ser interpretadas como mensajes de resurrección. En la enfermedad nos merodea la muerte y, en la curación, experimentamos parcialmente la resurrección, que llega a su plenitud con la resurrección a la vida eterna.

Jesús hace suya la causa del RD en la medida en que cura a los enfermos. Esto es verdad, pero solo media verdad; pues el hecho de que los enfermos acudan a Él, hace que Jesús experimente en qué consiste el RD. Jesús no disponía, sin más, del poder de Dios para curar y, por esto, en determinadas situaciones podían darse curaciones y en otras no, como en la ciudad de Nazaret: “No pudo hacer ningún milagro” (Mc 6,5).

¿En qué condiciones actúa el poder de curar de Jesús? Al ser presentado un joven enfermo a Jesús, este dice: “Todo es posible para el que tiene fe”. El padre del joven contesta: “Fe tengo, ayúdame tú en lo que me falte” (Mc 9,23-24). Basta un mínimum de fe para que Jesús le cure. El caso de la hemorroisa (Mc 5,25 ss.) se presenta aun con más fuerza: “Con que le toque aunque sea la ropa, me curo”. Jesús la mira y le dice: “Hija mía, tu fe te ha salvado”. Jesús aprende a reconocer su poder de curar por medio de la fe de los enfermos y aprende, a su vez, lo que es realmente el RD.

Puede afirmarse, que el RD es aquello que acontece entre Jesús y los enfermos, entre su poder y la fe los hombres: si las dos cosas van unidas, se puede hablar de una experiencia del Espíritu Santo.

Así́, el presente del RD radica en esta experiencia del Espíritu y el futuro de esta experiencia del Espíritu es ese RD.

El RD y las compañías de Jesús. El derecho divino de la gracia

Jesús, no solo ha curado a los enfermos, sino que ha traído también la justicia a los injustos, a quienes la Biblia llama “publicanos y pecadores”: “Este acoge a los pecadores y come con ellos” (Pc 15,2). Pero, en el horizonte del RD que está cerca. Jesús, compartiendo la mesa con los injustos anticipa la comida y bebida de los justos en el RD. Pues con su misericordia ha aplicado a los injustos el derecho divino de la gracia y los ha “justificado”, como expresará más tarde S. Pablo.

La palabra “acogida” es la clave de lo dicho y significa lo siguiente: quien es despreciado y conoce la marginación, este acaba por despreciarse a sí mismo. Pero, quien en una situación así́ se encuentra con alguien que le acoge sin condiciones, este se siente alentado y salvado.

Esto nos da a entender que la acogida de los marginados es la curación que Jesús trae a los publicanos y pecadores y es el modo cono el RD llega al mundo de los olvidados y despreciados y les libera del auto desprecio.

Paralelamente a “publicanos y pecadores” están también los “buenos y justos” que determinan lo que es justo e injusto y los que son buenos y malos. Por eso, al igual que la posesión de riquezas hace al pobre, así́, la “posesión de lo bueno” (Ragas) hace que los malos sean malos. Si Jesús, por ej. “acoge a los pecadores y come con ellos”, para los justos y buenos, este, o es el mismo un pecador o es un revolucionario que invierte el orden de valores de la sociedad. Pero, Jesús, del mismo modo que justifica a los pecadores, salva también a los justos y buenos y los libera de su propia justificación. Por tanto, es el mismo derecho de la gracia que salva a unos y juzga a otros con el fin de que juntos consigan la paz.

El Evangelio del RD toma partido por los pobres

La ley fundamental del RD en la tierra es el sermón de la montaña y su cúspide es la bienaventuranza de los pobres: “pues de ellos es el Reino de los Cielos”. Del mismo modo que en: Pablo y en la Reforma la “justificación del pecador” está en el centro, así́

También en Jesús lo está́ la “bienaventuranza de los pobres”. Pobres son los parados, los que pasan hambre, los desesperados, los esclavizados. En suma, es el pueblo que sufre opresión. En el otro extremo no están simplemente los ricos sino los violentos, los que empobrecen a los pobres y se enriquecen a su costa. Jesús, con su mensaje y conducta, entra en conflicto con una sociedad poderosa que enriquece más al rico y empobrece más al pobre; el Evangelio del RD toma partido por los pobres con el fin de salvar, a la vez, a los ricos y liberarlos de su autosatisfacción.

¿Qué trae el RD a los pobres?

Ni les trae limosna ni les hace ricos como a los otros. Les trae una dignidad y un impulso nuevo que consiste en darles la certeza de que, a los ojos de Dios, poseen una dignidad inquebrantable que les posibilita levantarse y ayudarse a sí mismos. Esta conciencia les devuelve la autoestima y hace que cambien el sistema de valores de la sociedad que les quiere convencer de su fracaso. El mayor escollo para que los pobres se auto liberen es la apropiación del sistema de valores de una sociedad que prima la eficacia, pues ello les lleva al auto desprecio. La fe, en cambio, hace superar este auto desprecio. Las palabras de Jesús: “De vosotros es el Reino de los Cielos”, no es un consuelo para que se conformen, sino, un poder para que se levanten y para que traigan la paz al mundo violento. Jesús no lleva a los pobres por el camino del ascenso dentro de las capas sociales de modo que se enriquezcan tanto como los otros, sino que los lleva por el camino de la construcción de una sociedad en la que esté en vigencia la cultura del compartir, tal y como se mostraba en la comida de los cinco mil.

Jesús descubre el RD en los pobres y niños

Jesús y sus discípulos han predicado a los pobres de su tiempo que el RD les pertenece. Jesús descubre el RD en los pobres y también en los niños, de quienes se dice que el Reino de los Cielos ya les “pertenece”. En ellos descubre que los hombres deben hacerse como niños para poder entrar en el Reino de los Cielos. Por esto existe una callada invitación al RD que viene por parte de los pobres. Por tanto, aquel de entre nosotros que capte el mensaje de Jesús lo que es el RD, este vuelve a descubrir ese mismo Reino en su propio vivir en comunidad con los pobres, las mujeres y los niños. Los últimos son los primeros.

CINCO PREGUNTAS Y RESPUESTAS TEOLÓGICAS

Sobre la base de esta perspectiva, intentaremos responder a determinados aspectos teológicos sobre el RD que siguen siendo cuestionados.

  1. El RD ¿es presente o futuro?

¿Es objeto de experiencia u objeto de esperanza? Después de lo dicho la respuesta no es difícil: Es objeto de experiencia actual en comunidad con Jesús: pues, allí́ donde los enfermos son curados, los extraviados son encontrados, los pobres descubren su dignidad, lo entumecido retoma la vida y lo viejo rejuvenece… allí́ comienza el RD. Este aparece como una semilla que lleva el germen de vida y, esta vida, se puede experimentar. Pero por ello mismo, el RD es también objeto de esperanza fundamentada en la experiencia y el recuerdo: pues la semilla quiere desarrollarse, el encontrado quiere volver a la casa paterna, los curados quieren resucitar de la muerte y los liberados de la opresión quieren vivir en la tierra de la libertad. Precisamente porque el RD se experimenta actualmente en la comunidad de Jesús, se espera también su perfección en el futuro. Experiencia y esperanza se refuerzan mutuamente en los dolores propios del crecimiento.

  1. El RD ¿es temporal o celestial?

Cuando queremos interpretarlo como temporal, solemos hacer referencia a las palabras de Jesús “Mi Reino no es de este mundo”, pero, con ello, se olvida que se trata de una afirmación sobre el origen y no sobre el lugar del reinado. Naturalmente que no es de este mundo sino de Dios, pero, en Jesús y por Jesús está el Reino en este mundo y, por eso, cuando Jesús pronuncia estas palabras, es el Reino de Dios en Persona el que se encuentra ante Pilato.

Si lo entendemos como Reino del Dios Creador, entonces, este, abarca la creación entera: cielo, tierra, lo visible e invisible de este mundo. En el Padrenuestro pedimos que venga su Reino “así́ en la tierra como en el cielo”; entendemos por cielo la parte de la creación que corresponde ya enteramente a Dios, entendemos por tierra, la parte de la creación que aun está por clarificar.

La expresión Reino de los Cielos no es una proyección del deseo del cielo sino que es una circunscripción judía del RD, dado que el nombre de Dios no puede ser pronunciado. El RD es tan terreno como lo fue Jesús y está definitivamente implantado en la tierra con la cruz de Cristo. Con la resurrección del crucificado empieza el nuevo nacimiento de toda la creación.

  1. El RD ¿es solo cosa de Dios o es también cosa de los hombres?

A las declaraciones eclesiales les gusta decir que el RD es obra de Dios y que “los hombres, ni pueden ni necesitan realizar este Reino” (Declaración de Magdeburgo, oct. 1988). Esta división entre Dios y los hombres es comprensible desde la alternativa- de la modernidad, pero elimina toó lo que el NT dice de Jesús. ¿Dónde queda Jesús en esta separación? ¿Fue Dios?, ¿fue hombre? ¿No fue el Dios-Hombre, el Dios hecho Hombre? En todo caso, así́ lo afirman todas las confesiones de fe cristianas y, por tanto, la separación es falsa. Debe decirse que el RD es “cosa” de Jesús.

El RD, como obra de Jesús, es experimentable y practicable por los hombres de un modo real: “Buscad primero el RD y su justicia”. Los hombres, a través de esta experiencia, quedan constituidos “colaboradores” del RD y, al igual que Jesús, realizan la misma obra mesiánica: “Id y predicad, el Reino de Dios está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, sanad leprosos, expulsad demonios” (Mt 10,7-8). Según la intención de Jesús, el RD es también cosa nuestra y, por esta razón, en el siglo XIX, el trabajo misionero diaconía de los cristianos se denomina, trabajo por el RD”.

  1. El RD ¿es de otro mundo o significa que este mundo ha de transformarse?

Algunos se imaginan al RD como otro mundo que ha de llegar al término de este y, a la vida eterna, como otra vida que sucederá́ a esta vida después de la muerte, pero, todo esto es fuente de equívocos y empobrece el valor que encierra la creación. La nueva creación, no es otra creación, sino la nueva creación de este mundo. La vida eterna no es otra vida, sino la resurrección de esta vida en la vida de Dios. “Lo mortal tiene que revestirse de inmortalidad y lo incorruptible de incorruptibilidad” acentúa S. Pablo.

Según esto, el RD significa que este mundo, desde su estado de injusticia y violencia, renacerá́ a la paz y la concordia. Significa que, nosotros, de la infidelidad pasaremos a ser hijos de Dios. Por esto, el RD no se deja reducir a la dimensión religiosa, moral o espiritual. Como Reino del Dios de la Creación, este tiene que ser tan universal y variopinto como lo es la creación.

Se nos advierte, pues, que no podemos permitirnos poner fronteras a la nueva creación de todas las cosas, ni excluir el RD de la economía ni de la política mundial. Allí́ donde esté amenazada la vida, allí́ está también comprometido el Dios de la vida.

  1. El RD ¿es una teocracia o la comunión con el Dios de la vida?

Si la traducción del RD es teocracia, el RD, como “causa de Jesús” acentúa la nueva creación de todas las criaturas en comunidad con el Creador. En este sentido, el RD es el amplio espacio en donde no existe la opresión y en donde la libertad no puede darse sin este espacio libre de Dios.

El RD es el Dios que descansa, habita en su creación y hace de ella su mansión, en donde las criaturas son sus moradores. El RD significa que Dios está presente, cercano, y hace participes a sus criaturas de sus cualidades: belleza, esplendor, bondad etc. y, al mismo tiempo, significa también que Dios comparte las características de sus criaturas: finitud; vulnerabilidad, mortalidad.

Este RD lo experimentamos, sobre todo, en el amor, pues, el que permanece en el amor, este permanece en Dios y Dios en el (1 Jon. 14,16). Esta comprensión es la que se denominará interpretación cristiana del RD. Si Cristo es el RD en Persona, el RD es la encarnación cósmica de Dios. Sin esta comprensión cristiana que se nos. da en Jesús, la interpretación teocrática queda vacía de contenido y expuesta al abuso clerical o político.

  • “PRIMERO EL REINO DE DIOS”

“Buscad primero el RD y su justicia y el resto se os dará por añadidura” (Mt 6,33)

Si para Jesús el RD ocupa siempre el primer lugar en su programa, en el nuestro, en general, suelen estar los propios intereses. Tomando la antigua concepción de las distintas formas del RD en este mundo, pero quitándole lo que tenía de estático, se puede concretar lo que habría que esforzarse por conseguir en las diferentes dimensiones de la vida: la humanización de las relaciones y de la situación de los hombres, la democratización de la política, la socialización de la economía, la conversión de la cultura a la naturaleza, la orientación de la iglesia al RD.

  • La humanización de las relaciones entre los hombres

Matrimonio, familia, amistad, relación, son las dimensiones más íntimas que existen para realizarnos como personas. Por ello, dado que entre hombre y mujer, entre padres e hijos, entre amigos y amigas, toda deshumanización hiere de modo inmediato, nuestra tarea consiste en hacernos personas y ser cristianos en esta relación de unos con otros. El arte de amar exige un aprendizaje, p. ej., el experimentar el perdón y poder empezar de nuevo, permite aceptarnos, crecer y desarrollarnos mutuamente, pues al amor le acompaña la amistad que sabe unir al efecto el respeto de la libertad del otro y de sus posibilidades. En cambio, cuando el amor se acaba, nos hacemos una imagen fija del otro, nos juzgamos unos a otros, y esto es la muerte.

Pero las relaciones humanas van más allá́ del matrimonio y la familia y son el fundamento de la sociedad. Desde la perspectiva de la “causa de Jesús”, una sociedad va bien, en la medida en que les va bien a sus miembros más débiles. El derecho a la misericordia no es propio de Caritas, sino de la Constitución de toda sociedad que pretende ser humana. El que quiera ver hasta qué punto una sociedad es humana, debe visitar sus cárceles.

  • La democratización de la política

Democratización es aquel programa que emana de los derechos del hombre y del ciudadano y organiza de tal modo sus instituciones que estas sean para los hombres y no los hombres para el estado. Actualmente, el poder estatal, y el ejercicio de este, solo pueden legitimarse apelando a la dignidad y los derechos universales de la persona. Esto no solo vale para la política interior del estado, sino también para la política exterior. Por esto, la Declaración teológica de Barrer, Tesis 5 dice: “Ella (la iglesia), hace pensar en el RD, en la ley de Dios y en la justicia y, con ello, en la responsabilidad de los gobernantes y de los súbditos”. La llamada al RD prohíbe a gobernantes y gobernados intimidar a enemigos potenciales con la destrucción del mundo por medio de las armas nucleares, y justifica la intervención en los asuntos internos de otros estados, si los derechos humanos están allí́ conculcados.

  • La socialización de la economía

Se trata de una socialización que no implica la expropiación y estatalización, sino la distribución justa del trabajo y beneficios y, esto, para todos los implicados: hombres y mujeres de la presente y futura generación. En toda sociedad hay un contrato social, pero hay también un contrato implícito entre las generaciones.

  • Conversión de la cultura a la naturaleza

Esta conversión equivale a lo que llamamos “reforma ecológica” que hoy necesitamos. Hasta el momento actual, la cultura ha estado orientada al dominio de la naturaleza y ponerla al servicio del hombre. La cultura del futuro, por el contrario, tiene que integrar las condiciones cósmicas de la tierra y respetar los derechos de sus semejantes, si es que la humanidad quiere sobrevivir. Aunque sea paradójico, es cierto que, la humanidad solo tiene la posibilidad de subsistir, si el hombre renuncia a ser el centro de su cultura.

  • La orientación de la iglesia al RD

La orientación del RD “hacia dentro” de la iglesia en el momento actual tiene que ser reemplazada por la orientación de esta al RD “hacia fuera”. La iglesia no existe para sí misma, sino al servicio de la “causa de Jesús”. Sus intereses han de supeditarse a los del Reino y, su espíritu e instituciones eclesiales han de corresponderse con este Reino de tal manera que pueda reconocerse como iglesia de Cristo.

El mensaje de las comunidades de base en la iglesia, actualmente el RD significa: evangelización y liberación. El encargo de la iglesia consiste en anunciar el RD a todos los hombres, especialmente a los pobres, en devolver la libertad a los oprimidos, y la dignidad humana a los marginados.

La evangelización y la liberación se complementan del mismo modo que se complementa el rescate del alma en pecado por medio de la fe y como se complementa el establecimiento de la salud corporal por medio de la curación. Este es, precisamente, el mensaje de las comunidades de base del pueblo de Latinoamérica, Asia y África: que el encargo misionero de Cristo y el imperativo reo leccionario, el mensaje de conversión y cambio de relaciones injustas en la economía y política, la paz con Dios y lucha por un mundo más pacífico son inseparables. La iglesia, o es comunidad que evangeliza y libera o, de lo contrario, ni es iglesia de Cristo ni tampoco iglesia alguna.

Tradujo y condensó: M. DOLORES ESCRIVÁ